Se va el 2019 y se da por concluida la década.

Esta década pasó mucho, no lo que hubiera deseado hace 10 años, me equivoqué mucho, cometí el peor error de mi vida, lloré mucho, reí aún más, aprendí muchas cosas, hice una especialidad, una maestría, viajé un poco por el mundo. Pero así como aún hay mucho mundo por conocer, hay experiencias por vivir, gente por conocer, lágrimas por llorar, carcajadas que reír y muchas cosas más.

Este año aprendí mucho de la vida, casi me lleva, lo que vulgarmente es conocido como la “chingada”, pero salí adelante gracias al apoyo incondicional de mi familia y verdaderos amigos. El 2019 pudo convertirse fácilmente en el peor año de mi vida, y aunque fue difícil, el año del servicio social sigue siendo el peor año de mi vida.

Este año aprendí a no darme por vencida, que la vida no acaba hasta que la muerte se hace presente. Estos últimos dos años de la década conocí a alguien que me enseñó a seguir adelante a pesar de todo, a sonreír a la vida a pesar de tener un mal diagnóstico o salir de quirófano, a seguir cantándole a la vida sin quejarse del destino que nos tocó vivir.

Gracias a Freddie por cantarme a diario y hacerme sentir acompañada en todo momento, hasta en los peores. Gracias a todos los que estuvieron conmigo, los que me leyeron, los que se preocuparon por mi. Espero que este bache quede pronto atrás y si se vuelve a presentar, que pueda brincarlo otra vez.

Mis mejores deseos para todo aquél que lea este mensaje, para el que entienda el mensaje entre líneas y para el que siga leyendo el blog.