La actitud del mexicano. 

El mexicano no camina por la banqueta, camina abajo de ella y como si estuviera caminando en la Alameda. 

El mexicano no usa las direccionales al manejar, si bien va saca una mano, si no, solo se avienta al otro carril. 

El mexicano en sus fiestas religiosas escucha banda a grandes volúmenes y se emborracha. 

El mexicano tira basura en la calle mientras camina, maneja o pasa por ella. 

El mexicano sabe que no puede hacer dos cosas a la vez, pero a veces fuma, maneja y usa el celular al mismo tiempo. 

El mexicano es feliz subiendo a sus hijos al auto, no le ponen cinturón de seguridad, ni los sientan en un asiento, pueden ir parados entre los dos asientos delanteros y si son pequeños los pueden llevar entre las piernas del conductor. 

El mexicano cuando viaja en motocicleta sube a su mujer y a uno o dos hijos en medio de ellos, sin casco, porque no se siente el mismo aire en el cabello. 

El mexicano no sabe para qué se usan las direccionales pues aunque alguien las use, creen que solo son foquitos que prenden y apagan como árboles de Navidad. 

El mexicano no usa las ciclovías en donde hay, le gusta la adrenalina y se mete enfrente de los autos y en sentido contrario. 

El mexicano cuando camina en las calles o las cruza va hablando por teléfono o va con los audífonos, todo esto a velocidad lenta, aunque no esté el semáforo a su favor. 

El mexicano no conoce la puntualidad, nunca llega a tiempo e incluso podría cancelarte un día o una hora antes una cita. 

El mexicano cruza las calles por donde se le pega la gana, no por los cruces peatonales, pasa y espera que los autos se detengan a su paso. Y si hay puentes peatonales pasa debajo de ellos y observa como los perros callejeros si pasan por los puentes y esperan el semáforo. 

El mexicano observa el semáforo y si ve la luz amarilla acelera para pasar. 

El mexicano cuando es policía y está en un crucero en vez de agilizar la vialidad, la entorpece. 

El mexicano que es policía suele asaltar y hacer secuestros express. Muchos dan más miedo que seguridad. 

El mexicano cuando es detenido por una patrulla suele pedir la atención ofreciendo una moderada cantidad monetaria. 

El mexicano puede no tener dinero para arreglar o comprar una casa, pero si tiene una hija le hace una gran fiesta de 15 años con el dinero que no tiene. 

El mexicano que conduce cualquier transporte público es un peligro al volante. 

El mexicano dice que hace como que trabaja porque los patrones hacen como que les pagan. 

El mexicano puede amar a su madre, pero si está enojado puede lanzar mentadas a otros. Y algunas veces incluso puede abandonarla en momentos dificiles, como en un hospital.

El mexicano tiene amigos imaginarios a los cuales les reza y espera que por arte de magia se le aparezca un trabajo o se le resuelva un problema. 

El mexicano se siente en la luna cuando maneja por todos los baches que están en todas y cada una de las vialidades que parecen cráteres. 

El mexicano hace todo más complicado para los demás si hay una forma de hacerlo fácil para él. 

El mexicano se lleva mejor con su familia cuando hay defunciones, mientras es un caos familiar lleno de discusiones. 

El mexicano quiere estar cerca de otra persona en sus últimas horas de vida por qué no lo estuvieron en toda su vida. 

El mexicano puede abandonar a cualquiera, desde sus perros, mascotas, hijos, esposas y hasta madres. 

El mexicano publica todo lo que hace en el Facebook, hasta fotos en el baño publica. 

El mexicano cuando es alcohólico puede jurarle a sus amigos imaginarios que no tomará por algún tiempo y lo hace, pero cuando termina ese tiempo se bebe lo que dejó de tomarse. Y cuando un médico le dice que tiene que dejar de beber porque está en riesgo su vida, no lo hace. 

El mexicano puede creer en amigos imaginarios o en chochos que no hacen nada o en productos milagro que no sirven para nada y aún así pagar grandes cantidades para conseguirlos. 

El mexicano espera que alguien más le resuelva sus problemas en los que solito se metió.

El mexicano rara vez lee, no se entera de lo que pasa en su país, a veces, cuando llega a ser presidente no puede ni nombrar tres libros. El único libro que todos los mexicanos conocen aunque no lo hayan leído es la Biblia. 

El mexicano ama las telenovelas baratas y sueña con la vida que tienen sus protagonistas pobres que se vuelven ricos. Aunque no hayan estudiado y todo lo quieran como si fuera un milagro. 

El mexicano no ve si puede o no puede mantener decentemente a sus hijos, solo los tiene como conejo, porque dice su religión que está prohibido usar métodos anticonceptivos y aceptarán los hijos que sus amigos imaginarios les manden. 

El mexicano ama pero también teme a sus amigos imaginarios. Dicen que son amados por ellos pero si se portan indebidamente serán fuertemente castigados. 

El mexicano cree que todos sus infortunios son causados por alguien más y si no hay a quien echarle la culpa se la echan a sus amigos imaginarios. 

El mexicano se interesa más en las vidas de extraños que salen en la tele como actores y actrices que en la vida política de su país. 

El mexicano sale a las calles en masa cuando se trata de fiestas para sus amigos imaginarios, pero cuando se necesita su presencia en las calles por el mal gobierno se queja de los que sí salen a defender su país. 

Por esto y mucho más, sino fuera mexicana, tal vez odiaría a los mexicanos. Aunque por esto odio a algunos mexicanos, porque afortunadamente no todos los mexicanos somos así. 

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